Hemos oído hablar mucho de
Jan Amos Comenius (1592-1670), incluso hay unas
becas con su nombre. Pero... ¿qué hizo
Comenius? ¿Por qué es tan relevante?
Pues su mérito principal es que publicó la primera obra impresa para niños, el
Orbis sensualium pictus (
El mundo en imágenes, 1658). Su obra se editó en
latín y
alemán.
Comenius fue un pastor y pedagogo polaco que huyó a
Alemania, donde experimentó sus ideas pedagógicas. Recordaba la escuela existente con desagrado y describía así los centros educativos y las aulas:
“cámaras de tortura para la inteligencia, de las que sólo pueden salir burros salvajes, mulas desenfrenadas y disolutas”
Propuso una reforma educativa basada en el
juego.
“Ejercitar hábilmente los sentidos para captar adecuadamente las diferencias de las cosas es la base de toda sabiduría”.
Su libro quería mostrar el mundo nombrando las cosas fundamentales que contenía, incluyendo la
imaginación y la
fantasía. Unas ideas que, tres siglos más tarde, retomarían pedagogos como
María Montessori.
En 1774, la influencia de las ideas pedagógicas de
Rousseau hizo que
John Bernhard Basedow (1724-1779) publicara una versión actualizada,
Obras elementales, más elaborada y pedagógica, con grabados más sofisticados.
Además de estas obras generales, de carácter
enciclopédico, aparecieron pronto otras muchas de carácter
específico, como
Lógica práctica para gente joven que no quiere estudiar (1787), de
Peter Villaume.
Inglaterra fue el país pionero en libros de género divulgativo: en 1739 aparecieron varios libros sobre animales y plantas de
Tomas Boreman. En 1764
Oliver Goldsmith (1728-1774) preparó una historia de
Inglaterra y una breve biografía de
Plutarco.
Habían nacido los materiales pedagógicos, libros de texto y todos los instrumentos auxiliares de la educación que hoy conocemos. Y toda esta revolución empezó con el
Orbis pictus, de
Comenius.
(
Bibliografía:
Ana Garralón,
Historia portátil de la literatura infantil, Madrid, Anaya, 2001, pp. 16-18)