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viernes, 12 de abril de 2019

"Caperucita Roja", en un álbum ilustrado mudo

Valeri, M. Eulalia (1981), Caperucita Roja. Ilustr.: Fina Rifà. Barcelona: La Galera. Col. "El Caracol"

La colección "El Caracol", de la editorial catalana La Galera, publicó en su día varios títulos con versiones de los cuentos tradicionales en libros-álbum mudos. Hansel y Gretel, El patito feo, Blancanieves, PUlgarcito, La cenicienta, Los tres cerditos, El flautista de Hamelin, El gato con botas, Los músicos de Bremen, La bella durmiente...

Uno de los títulos está dedicado, como no podía ser menos, a Caperucita Roja, en la versión de los hermanos Grimm, con dibujos de Fina Rifà y guion-síntesis de M. Eulalia Valeri. El resultado es un libro sugerente para el niño. Destaca la ilustración característica de Fina Rifà, muy apropiada para los más pequeños lectores.

El libro-álbum mudo es para disfrutarlo en familia. Requiere la guía del adulto, la lectura conjunta. Como dice la contraportada del libro,

"Si el niño ya conoce el cuento, la ilustración de las principales escenas, fidedigna y rica en detalles, le ayudará a revivirlo y le dará la posibilidad de expresarse enseñándoselo a otros amigos, hermanos... Conviene que el adulto se lo explique, según el guion, al tiempo que el niño va siguiendo las imágenes. El tono y la inflexión de la voz harán vivir con intensidad la sorpresa, el temor, la alegría. Conviene que el gesto acompañe la palabra y que las fórmulas, frases hechas y cantinelas se digan con precisión: será una buena introducción al mundo mágico de la poesía. El conjunto enriquecerá la imaginación y el lenguaje.
   Los cuentos clásicos son obras de arte. Hay que apreciarlos y respetarlos. El cuento tiene una unidad, ningún pasaje es gratuito, todo tiene su sentido, todo cumple su función. Creados por el pueblo, han sido amados por muchas generaciones porque han dado a los hombres fe y esperanza en el mañana. Son una valiosa ayuda en la educación de los niños, sobre todo en las primeras edades, pues les hacen concretar sus vivencias e identificarse con los distintos personajes, y los prepara para el paso a la edad adulta. En sus mensajes, plenamente válidos, descubrimos hoy nuevos valores."








lunes, 18 de marzo de 2019

"La bella Durmiente", de los hermanos Grimm, ilustrada por Errol le Cain

Grimm, hermanos, La Bella Durmiente. Ilustr.: Errol Le Cain. Trad.: José Emilio Pacheco. Bilbao, Asuri, 1982. En inglés, Thorn Rose.


Magnífica versión ilustrada de este cuento popular, recogido por los hermanos Grimm en el siglo XIX. El trabajo de Errol le Cain es sencillamente impresionante. Este ilustrador también trabajó con otros cuentos populares, como La Cenicienta, y con mitos clásicos.





lunes, 9 de octubre de 2017

Afanasiev y sus cuentos populares rusos

Alexandr Afanasiev (1826-1871) fue un importante folklorista ruso, nacido en Voronez, en 1826. Estudió Derecho en la Universidad de Moscú, pero se dedicó a la literatura y el periodismo. Estudió las tradiciones populares rusas, siguiendo el ejemplo de los hermanos Grimm. Recogió en las aldeas, de boca de los viejos campesinos, numerosas leyendas, fábulas y cuentos que transmiten el alma rusa. Los relatos orales eran contados por personas sin ninguna instrucción, pero que poseían el art de narrar. Su famosa recopilación Cuentos populares rusos, publicada de 1855 a 1864, en 8 volúmenes, descubre gran variedad de temas y son obras de fantasía desbordante. Murió en Moscú en 1871.

La colección "Austral Juvenil", de la editorial Espasa-Calpe, publicó un librito con varios de esos Cuentos populares rusos, con ilustraciones de Andoni Azurmendi y traducción de Tatiana Enco de Valera. La primera edición es de 1982, pero luego se ha ido reeditando en numerosas ocasiones. La obra, muy recomendable, incluye cuetos como "El niño prodigioso", "El Rey del Frío", "El pez de oro", "Basilisa la Hermosa", "La bruja Baba Yaga", "El gigante Verlinka", "El adivino"...

Pueden verse cuentos de Afanasiev en la web de Ciudad Sevahttp://ciudadseva.com/autor/aleksandr-nikoalevich-afanasiev/cuentos/

Puede verse una mini-antología de sus cuentos en: http://www.avempace.com/index.php?s=file_download&id=6578

domingo, 20 de diciembre de 2015

sábado, 7 de noviembre de 2015

Caperucita y el feminismo

El cuento de Caperucita ha conocido muchas versiones y también muchas interpretaciones a lo largo de la historia.

Desde posiciones feministas, tanto de la versión de los hermanos Grimm como de la de Perrault, se ha querido leer el cuento como la crónica de una violación, donde la víctima es presentada paradójicamente como la culpable, por ser la incitadora del lobo, ya que desobedece las reglas del recato y el decoro penetrando en el lugar prohibido, el bosque, el reducto del macho. Es Caperucita la que debe pagar por sus errores porque ha osado vulnerar el tabú, al desobedecer a su madre. El lobo devorador-violador es, así, presentado como un justiciero, un restaurador del orden social. O quizá como un pecador, un ser débil presa de los bajos instintos que ha despertado en él la seductora Caperucita. Pero no es tenido por un maleante. Por eso en algunas versiones se le procura un final menos dramático: el cazador-juez le castiga con una buena perdigonada a la altura de la cola, en lugar de matarlo o de abrir su vientre y sacar vivas de las entrañas del animal a la niña y su abuela. La sociedad machista perdona así al delincuente con una simple chapada en el culo. El violador no es más que un niño travieso al que hay, como mucho, que reconvenir, pues no está bien que haga travesuras, acaso un poco pesadas o subidas de tono.

Podemos pensar en una lectura excesiva, exagerada, del cuento tradicional por parte del feminismo, al que enseguida tendemos a calificar de "radical". Pero ciertamente esa sexualización precoz de las niñas y esa visión lasa de las pulsiones pedófilas, lejos de ser una cuestión anticuada o hiperbólica, "cosa de gentes anti-sistema", puede rastrearse en el mundo de hoy en algunas de las manifestaciones artísticas con más seguimiento por parte de la juventud actual: las canciones del pop.

Por ejemplo, en la conocida canción “Pequeña Carolina”, del grupo McClan, se cuenta la historia de una niña de doce años que desata los apetitos sexuales del cantante quien, cual lobo del cuento, quiere "devorarla":


La dulce niña Carolina,
no tiene edad para hacer el amor,
su madre la estará buscando
o eso es lo que creo yo.
No puedo echarla de mi casa,
me dice que no tiene donde dormir,
después se mete en mi cama,
esto es mucho para mí.
Esa va a ser mi ruina,
pequeña Carolina,
vete por favor.
Carolina, trátame bien,
no te rías de mí,
no me arranques la piel.
Carolina, trátame bien
o al final te tendré que comer.
No queda en la ciudad esquina,
tras la que yo me pueda esconder,
siempre aparece Carolina,
con algún tipo de interés.
La reina de las medicinas
que no se venden en farmacia legal,
vinagre para las heridas,
dulce azúcar al final.
El diablo está en mi vida,
pequeña Carolina,
vete por favor
Carolina, trátame bien,
no te rías de mí,
no me arranques la piel.
Carolina, trátame bien
o al final te tendré que comer.
Dulce niña Carolina

Es muy frecuente en las más nefastas muestras de la llamada "chick list" (lite para chicas), la fusión de dos arquetipos de la literatura universal: la Caperucita del cuento popular y la Lolita, pequeña nínfula seductora, de Vladimir Nabokov. El resultado es que se obliga a crecer antes de hora a las niñas, a las que no se deja gozar en plenitud de la "dulce infancia", y sobre todo que se las lanza a una carrera de competición para llamar la atención de los chicos y reduciendo así su horizonte vital al de ser "barbies" precoces: píntate las uñas, ponte sexy para él, ponte tops y algún escote, aprende a agradarle... La mujer solo es tal en la medida en que resulta femenina, y solo es femenina si resulta visible para el otro sexo. Las gafotas, las gorditas y, menos aun, las reivindicativas protofeministas, no ligan con los chicos. Sobre todo, no te hagas la intelectual.

La Carolina sexy de la canción resulta para el cantante de McClan, "La reina de las medicinas / que no se venden en farmacia legal, / vinagre para las heridas / dulce azúcar al final". Es decir, la dulce tentación de lo prohibido. Otra versión de la Manzana del Árbol del Bien y el Mal del Jardín del Edén, en la que tristemente descubrimos un Adán dominado por tentaciones pedófilas.

Más información:
  • Charles Perrault, trabajo de Miguel Ramos. 2º Bachillerato A. Curso 2015-2016.