jueves, 19 de mayo de 2016

"Chamario", de Eduardo Polo


Un hermoso poemario en donde las palabras y las ilustraciones juegan con las formas y el sentido, conduciéndonos por divertidas imágenes como las de “el rino será ceronte”, “la bici sigue la cleta”, junto “al grillo que canta a la luna” y “el soldadito de plomo que mira la tv”. Como lo llamaría Eugenio Montejo, prologuista de este libro, todo un “juguete verbal”. Lo que no dice el prologuista, pero lo decimos nosotros, es que él es Eduardo Polo, su seudónimo. Montejo-Polo o Polo-Montejo, que tanto monta, renovó la poesía infantil y juvenil con un aire de juego y de humor. Falleción en Valencia, Venezuela, en 2008.



El lilustrador es Arnal Ballester (Barcelona, 1955), que hace un gran trabajo. Austeridad gráfica al servicio del juego lingüístico. Humor y diversión asegurados.

El autor, Eduardo Polo, era conocido como "el mago", debido a los ritmos y maravillosos efectos que lograba en sus poemas. Y realmente algunos poemas de Chamario son mágicos, como veréis en esta mini-antología.

La palabra Chamario, que Polo usó como título, deriva de chamo, que es la forma como cariñosamente se llama al niño en Venezuela. Así que remite al mundo infantil, por lo cual no es de extrañar su subtítulo: Libro de rimas para niños.

(Aquí puedes ver parte de la publicación: http://issuu.com/ekare/docs/chamario?e=0/35784963

Ilustración de Arnal Ballester
La bicicleta
     La bici sigue la cleta
por una ave siempre nida
y una trom suena su peta...
¡Qué canción tan perseguida!
     El ferro sigue el carril
por el alti casi plano,
como el pere sigue al jil
y el otoño a su verano.
    Detrás del hori va el zonte,
detrás del ele va el fante,
corren juntos por el monte
y a veces más adelante.
     Allá se va el corazón
en aero plano plano
y con él va la canción
escrita en caste muy llano.
Ilustración de Arnal Ballester
Cuando yo sea
     Cuando yo sea grillo
cantando a la luna,
si oyes mi organillo,
dame una aceituna.
     Cuando hormiga sea
cargando un gran peso,
que al menos te vea
a la luz de un beso.
     Cuando sea ciempiés
con mis cien botines,
deja que una vez
cruce tus jardines.
     Cuando no sea nada
sino sombra y humo,
guárdame en tu almohada
que yo la perfumo.


El hipopótamo
     El hipopó tamo-tamo
y el elefán fan-fan
dentro de un mismo pantano
bailando juntos están.
     Bajo la lluvia su danza
es un ballet a mil quilos;
cada cual mueve su panza
con los mejores estilos.
     La danza de los obesos
tiene una gracia sutil;
la melodía es melodil
y las tristezas, tristezos.
     Bailan música de sapo
con sones de ronco brillo, 
el fan-fan que es trapo-trapo
y el hipopó tamo-tillo.
     Después un coco muy drilo
-un drilo coco, al revés-
sale del fondo tranquilo
y les pellizca los pies.
     Aquí la fiesta termina
y se acaba la función;
hipo y fan de esquina a esquina 
despiden la reunión. 


Al revés
     Me aturdo, me aturdo
con el niño zurdo.
     Inclina su pecho
juntando los pies
y lo que es derecho
lo escribe al revés.
     Me aturdo, me aturdo
con el niño zurdo.
     Su luna es anul,
su sol es un los,
es luza el azul
y soida el adiós.
     Me aturdo, me aturdo
con el niño zurdo.
     Oír es un río
y Roma un amor.
¡Qué gran desvarío,
qué consternación!
     Me aturdo, me aturdo
con el niño zurdo.
     El árbol es lobra,
la selva es avlés
y toda su obra
la escribe al revés.

Ana la rana
     Cuando Ana la rana
llegó a la ciudad
supo que ya nadie
usaba la A.
    Quiso pedir agua,
quiso pedir pan,
pero no podía
sin esa vocal.
     Nadie comprendía 
su latín vulgar,
lengua de pantano,
ronca y gutural.
     Pero Ana la rana
era sabia y tal;
dejó las palabras
para los demás.
     Se buscó una hoja
y un lápiz labial
y habló con dibujos
sin tener que hablar.
     Y después, al irse,
muy sentimental,
dibujó una mano
 casi natural,
moviéndose lejos...
Y un punto final…

Don Gatuque
     En el piso veintiduque
de un altísimo edifacio
Don Gato, que allí era duque,
disfrutaba su palacio.
     Convidados a su mesa
pasaban amables ratos,
Doña Gata, la duquesa,
y otros muy ilustres gatos.
     Un legislador angora,
un diputado barcino,
un siamés con su señora
y un persa con su sobrino.
     Todos de alta diplomacia
y modales de misterio,
formaban la gatocracia
más fina del vecinderio.
     Charlaban con mucha ciencia
y pronunciación muy rica,
los unos de decadencia,
los otros de politica.
     Así pasaban sus horas
los más nobles de esta villa,
los señores y señoras
del Gatuque y su pandilla.
     Y después, muy educados,
al fin de sus reuniones,
se iban para los tejados
a perseguir los ratones

La trampa
     Una tic manzana
con un tac membrillo
muy tic de mañana
vieron tac a un grillo
que en su tic ventana
daba tac solillo
de un tac tenorcillo.
     Con tic su organillo
y mucha tac gana
cantó tic el grillo
de voz tac enana
un aria tic plana
y tac su estribillo.
     ¡Horror!, tic hermana
–gruñó tac membrillo –.
¡Qué voz tic insana
la de este tac pillo!
     (Pero la ventana
que les abrió el grillo
con trampa inhumana
se cerró a martillo.
Quedaron tapiados
cual dos condenados,
sin luz en el fondo
de un viejo y redondo
reloj de bolsillo).
     Semana a semana
de tarde y mañana
aquel sonidillo
para tic manzana
para tic membrillo.  

Ilustración de Arnal Ballester
Tontería
     Un niño tonto y retonto
sobre un gran árbol se monto.
     Con su pelo largo y rubio
hasta la copa se subio.
     Se creyó un pájaro solo
que iba a volar y no volo.
     De la altura, en un desmayo,
el pobre niño se cayo.
     La madre sufrió un martirio,
cuando vio que su hijo se hirio.
     La casa era un manicomio
porque aquel niño no comio.
     Y aunque frunció el entrecejo,
el pobre nunca se quejo.
     A pesar de que era recio,
el rostro se le entristecio.
     Con un poco de yoduro
una enfermera lo curo.
     Y después de un mes temprano
su cuerpo al final se sano.
     Creció feliz y muy gordo
y nunca más lo recordo.

El gavilán
Un gavilán en el Ávila,
recién llegado de Mérida,
miraba por sus prismáticos
desde la montaña céntrica.
A sus pies estaba Cáracas,
poblada de torres técnicas,
siempre llena de automóviles
que cruzaban sus carréteras.
Después con un vuelo plácido,
batió sus alas simétricas
y recorrió la metrópolis
sin un momento de pérdida.
Extasiado como un místico
contempló la ciudad éntera;
vio ricos comiendo mánzanas
y pobres comiendo cébollas;
gente de risa simpática,
blanca, negra, bella y méstiza.
Al final, en helicóptero,
remontó la cumbre enérgica
y fue a ver el mar de Mácuto,
el más bello mar de América.

El jinete gago
De los montes viene
el jinete gago,
que funde y confunde
todos los vocablos.
Al cinto de la esdapa,
sobre su callabo,
pasa por el pueblo
siempre soliratio.
Cuando se detiene
lejos en el campo
toca su guirrata
de sones extraños.
A veces de noche
sin mucho trajabo
bajo las estrellas
vuela papayagos.
Cerca de mi puerta
pasa cabaldango
y en mí reconoce
su mejor hernamo.
Al final se aleja,
entre los guirrajos,
hacia el horizonte
siempre soliratio.

El mono
     Paseando en biciqueleta
en el mes de feberero,
un mono peretencioso
tuvo un serio toropiezo.
     Andaba distaraído
con un ancho somberero,
tan garande que a sus ojos
los tapaba compeletos.
     No vio un hoyo en el cespede
de más o menos diez métoros,
en el cual tarabajaban
dos docenas de obereros.
     Allí el mono ciquilista
se cayó muy aderento,
faracturándose un codo,
el caráneo y varios huesos.
    Al oirse sus guiritos
llegó un doctor pirimero,
después vino un caradiólogo
y el hospital en peleno.
     Ataron su calavícula
con un vendaje esterecho,
le aperetaron las manos
en un nudo teremendo
y lo llevaron poronto
a operarlo del ceréboro.

Canción
     La mi madre canta
Para me dormir
Y en la su garganta
Oigo una perdiz.
     El mi hermano juega
Siempre a me vender
De la su bodega
Queso, pan y miel.
     El mi perro ladra
Para me seguir
Por la nuestra cuadra
De principio a fin.
     Allá en la mi escuela
Dibujo en color
Un barco de vela
Con el mi creyón.
     Termino el mi cuento
Por me despedir.
Ya cantando siento
La mi madre al viento
Para me dormir.
Y en su canto lento
Oigo una perdiz.            

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